Hace casi tres décadas, el cine presenció un hito tecnológico que cambiaría para siempre la forma de contar historias: el estreno de la primera entrega de Toy Story.
Aquella obra pionera no solo demostró que era posible crear secuencias cinemáticas complejas mediante generación por computadora (CGI), sino que abrió un universo infinito para la edición de video en alta definición, la creación de entornos digitales y la automatización de procesos de renderizado. Pixar nos enseñó que la tecnología de vanguardia y los algoritmos, cuando están al servicio de una narrativa entrañable, pueden cobrar vida propia.
Hoy, en una época donde las herramientas digitales permean cada rincón de la creación y de nuestra rutina, la saga regresa para cuestionar, precisamente, el entorno tecnológico que ayudó a cimentar. En Toy Story 5, que se estrena esta semana en España y Latinoamérica, personajes entrañables como Buzz Lightyear, Woody y Jessie se enfrentan a un fenómeno abrumador: la era de las pantallas y los videojuegos.
La luz azul frente a la luz creativa
Tras haber tocado el tema de forma superficial en su cuarta entrega, los estudios Pixar han decidido situar el creciente papel de la tecnología en el centro absoluto de este nuevo capítulo. En esta ocasión, nos reencontramos con Bonnie, una niña de imaginación desbordante a la que le cuesta hacer nuevos amigos. Ante este panorama, la vaquera Jessie —quien lidera la habitación desde que Woody se marchó para ayudar a otros juguetes abandonados a tener una segunda vida— toma la iniciativa. Junto a Buzz Lightyear y el resto del grupo, se proponen la misión de ayudar a su dueña a socializar.
Sin embargo, el verdadero antagonista irrumpe en forma de dispositivo: Lilypad, una pantalla interactiva que le permite a la niña jugar y conversar con sus compañeros de la clase de danza. Capturada por este nuevo dispositivo, Bonnie comienza a alejarse de sus viejos juguetes, y la audiencia es testigo de cómo su capacidad de imaginar se va reduciendo. La cinta nos muestra un reflejo fiel de nuestra realidad, ilustrando a niños hipnotizados por la luz azul de sus tabletas y a adultos que parecen esclavos de sus teléfonos móviles.
Pete Docter, director creativo de Pixar, señala una inquietud contemporánea al observar que muchos padres introducen las pantallas por miedo a que sus hijos se queden atrás respecto a los demás, y sugiere que quizá deberíamos bajar el ritmo. Docter reflexiona sobre la importancia de proteger la atención, catalogándola como el recurso más escaso del que disponemos en la actualidad. Él mismo recuerda cómo, durante su infancia, el aburrimiento durante los largos conciertos en la iglesia fue el catalizador que lo impulsó a dibujar e imaginar mundos. «Somos la única especie capaz de imaginar algo que no está justo delante de nosotros», concluye el cineasta, advirtiendo que de alguna manera estamos desperdiciando esa capacidad.
Talento hispano y el sello de Colombia en la gran pantalla
Esta quinta película, manteniendo la tradición desde los inicios de la saga, cuenta con un elenco vocal lleno de estrellas como Tom Hanks, Joan Cusack y Keanu Reeves. A ellos se suman nuevos talentos hispanos: la actriz española Penélope Cruz y el cantante puertorriqueño Bad Bunny. Cruz hace un cameo prestando su voz a Flamenco, un pobre juguete que ha sido olvidado debido a la llegada de la tecnología. Por su parte, Bad Bunny interpreta a Pizza con gafas de sol, un personaje catalogado como «cool y misterioso» que forma parte de un grupo de juguetes olvidados en una casita de jardín; un rol que el artista grabó tanto para la versión original en inglés como para el doblaje al español.
Pero el orgullo para nuestra región se extiende también detrás de cámaras. El diseño visual de esta entrega cuenta con el talento del colombiano Carlos León, quien fue el encargado de ponerle la luz a Toy Story 5. Su meticuloso trabajo subraya cómo la maestría técnica sigue siendo el vehículo esencial para evocar emociones reales.
Como bien afirma Lindsey Collins, productora de la cinta, esta película nace del profundo deseo de recordarnos el superpoder mágico al que tenemos acceso gracias a la imaginación. De este modo, la franquicia que en su momento revolucionó la forma de usar las computadoras en el cine, nos invita hoy a levantar la vista de los monitores y reconectar con nuestro potencial creativo más humano.